La Mixta, Rodríguez Saá y los “celos” del poggismo: una disputa por la identidad puntana

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La visita de Alberto Rodríguez Saá a la Escuela Normal Juan Pascual Pringles, conocida popularmente como “la Mixta”, no fue una visita más. El expresidente y actual titular del Partido Justicialista de San Luis regresó a la institución donde estudió para participar de los festejos por los 150 años de la escuela y recibió un reconocimiento por su paso como alumno.

La escena tuvo un fuerte contenido simbólico: un dirigente político que vuelve a una escuela de San Luis no solamente como funcionario o dirigente, sino como exalumno de esa misma institución.

Y allí aparece uno de los contrastes que más incomodan al poggismo.

Una pertenencia que no se puede fabricar

Claudio Poggi nació en Córdoba el 7 de octubre de 1963 y se recibió de contador público en la Universidad Nacional de Río Cuarto, en su provincia natal. Recién a mediados de los años 80 se radicó en San Luis.

Rodríguez Saá, en cambio, construyó parte de su historia personal y política dentro de las instituciones puntanas. La Mixta es una de ellas.

Por eso, cuando vuelve a esa escuela 50 años después y es recibido por autoridades, docentes y estudiantes, existe un vínculo que no depende del cargo que ocupa ni de una estrategia de comunicación: es el vínculo de haber sido alumno de esa comunidad educativa.

Poggi puede ingresar a una escuela como gobernador. Rodríguez Saá puede hacerlo también como dirigente político, pero además puede hacerlo como alguien que alguna vez se sentó en esas aulas.

Y esa diferencia tiene un peso político.

Los “celos” detrás de la reacción

La recepción que tuvo Rodríguez Saá parece haber generado incomodidad dentro del oficialismo provincial. La respuesta posterior, con acusaciones sobre una supuesta utilización política de la celebración de los 150 años de la institución, profundizó la polémica.

Desde esta mirada, lo que aparece detrás de la reacción es una especie de “celos políticos” frente a una escena que el poggismo no puede reproducir de la misma manera.

Porque una tendencia viral, una fotografía oficial o una actividad de gobierno puede construirse desde el poder. Pero la pertenencia a una escuela, a un barrio o a una comunidad educativa se construye durante décadas.

No se decreta.

No se compra.

Y tampoco se puede fabricar para una campaña.

El armado detrás de los celos

La polémica por la supuesta campaña electoral financiada desde la escuela terminó funcionando como una respuesta política a una escena que había sido difícil de disputar.

La acusación contra la institución, según lo expuesto públicamente, no estaría respaldada por elementos que permitan demostrar que la cena por los 150 años tuviera un objetivo electoral.

Por eso, más que una denuncia sólida, el episodio puede leerse políticamente como parte de un armado destinado a instalar sospechas sobre una institución educativa que había recibido a un exalumno.

La pregunta entonces es inevitable: ¿qué molestó realmente?

¿La presencia de Rodríguez Saá?

¿El reconocimiento que recibió?

¿La recepción de la comunidad educativa?

¿O el hecho de que, por unos minutos, el protagonista no fuera el gobernador de turno sino alguien que podía hablar desde una historia compartida con esa escuela?

Una diferencia que expone al oficialismo

El episodio también vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que excede a Rodríguez Saá y a Poggi.

Poggi puede recorrer escuelas como gobernador. Puede participar de actos, sacarse fotografías y generar contenido para redes sociales.

Pero no puede volver como exalumno a una escuela puntana porque no estudió su educación inicial y secundaria en San Luis.

Rodríguez Saá sí.

Y esa diferencia, aunque parezca anecdótica, tiene una enorme potencia simbólica en una provincia donde la identidad puntana ocupa un lugar central en la disputa política.

Quizás por eso la visita a la Mixta terminó generando tanto ruido.

Porque mientras uno pudo volver a la escuela que lo formó, el otro solo puede llegar desde el lugar institucional que hoy ocupa.

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