Huelga de hambre en La Botija: un estudiante universitario denuncia represalias en el penal

Ricardo Miranda, interno de la Cárcel de Pampa de las Salinas, cumple 7 días sin comer para protestar contra el boicot a sus estudios, traslados de castigo y la vulnerabilidad de sus dos hijas.

A 300 kilómetros de la capital, en el Complejo Penitenciario II de Pampa de las Salinas, Ricardo Alfredo Miranda lleva una semana en huelga de hambre. Tiene 39 años, cumple una condena de 8 años y es estudiante regular de Tecnicatura en Comunicación y Medios en la Universidad de La Punta.
La A 300 kilómetros de la capital, en el Complejo Penitenciario II de Pampa de las Salinas, Ricardo Alfredo Miranda lleva una semana en huelga de hambre. Tiene 39 años, cumple una condena de 8 años y es estudiante regular de Tecnicatura en Comunicación y Medios en la Universidad de La Punta.
La protesta comenzó el viernes 28 de agosto. Desde entonces, Miranda utiliza la plataforma digital académica como su único canal libre de comunicación, porque asegura que sus notas escritas al Superior Tribunal son interceptadas en el penal. comenzó el viernes 28 de agosto. Desde entonces, Miranda utiliza la plataforma digital académica como su único canal libre de comunicación, porque asegura que sus notas escritas al Superior Tribunal son interceptadas en el penal.

El patrón de represalias

Según cuenta, todo empezó cuando denunció ante la jueza María Itatí Zudaire Carricaburu las deficiencias del penal: falta de atención médica, medicamentos, frío extremo y mala calidad alimentaria. Tras eso, lo sacaron del Pabellón de Educación Superior y lo trasladaron dos veces: primero al Pabellón A del Módulo 2, después al Pabellón A del Módulo 1. «Estoy en total desprotección», denunció.

El centro del reclamo es el derecho a estudiar.

Cuando tenía su computadora personal en la celda, aprobó las 9 materias de primer año de forma sobresaliente. Tras quitársela —argumentan que la carrera es asincrónica—, solo aprobó 2 de 6 materias en segundo año. «Confunden los minutos de conexión para bajar archivos con las decenas de horas de lectura que la carrera exige», explicó.
En una requisa que califica de «dirigida y violenta», le dañaron la computadora nueva, le partieron la tapa trasera y le golpearon con una palanca. También dejaron fuera de servicio su olla eléctrica, único medio para tomar algo caliente contra el frío extremo del penal

La familia al borde del abismo

El impacto trasciende las paredes del penal. Su esposa, Sandra Beatriz Lozano, fue cesanteada del Servicio Penitenciario por ser su pareja. Sus hijas, de 14 y 5 años, «se sustentan por las noches con mate cocido, pan, fideos y arroz seco». La menor nunca comió un yogurt ni lleva una merienda al jardín.
Pampa de las Salinas está a más de 300 kilómetros. En más de un año, Miranda pudo ver a su familia solo dos veces, por cuatro horas cada vez. Las visitas conyugales le son negadas de forma sistemática.

El mensaje que deja

En sus escritos, Miranda reflexiona: «Cometemos errores en la vida, y por ellos estamos pagando nuestra deuda con la justicia. Sin embargo, esos errores del pasado no nos despojan de nuestra dignidad humana ni de la posibilidad de cambiar de rumbo».
Fuente original: El Diario de la República


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