embarazada que denunció negligencia en el Hospital de La Toma
Una joven de 25 años contó su calvario durante una internación por complicaciones renales. Malos tratos, desatención y procedimientos deficientes marcan un nuevo caso de crisis en la salud pública puntana.
Érika Olguín Pereira no quiere que lo que le pasó le vuelva a pasar a nadie más. Y por eso decidió contar, sin guardarse nada, lo que vivió hace poco en el Hospital de La Toma cuando llegó con un fuerte cuadro renal siendo embarazada de seis meses.
La joven de 25 años se anima a hablar de los detalles de esas horas de angustia: malos tratos del personal, procedimientos en los que se perdían los sueros, venas reventadas en los brazos y, lo que más la marcó, el sentimiento de no importarle a nadie.
«Se lavaban las manos todos ahí»
«Me han tratado mal, se lavaban las manos todos ahí», explica Érika con la frustración de quien vivió momentos de pánico dentro de un hospital. Cuenta que mientras estaba internada, su mamá fue testigo de algo que la asustó: sangre cayendo en el suero.
Pero lo peor vino después. El personal iba y venía buscando cosas, no encontraba los sueros, y cuando lograba colocarle uno, la situación se complicaba más. «Yo les decía que no quería tener más suero, estaba asustada, me daba miedo, lloraba por el dolor y me reventaron las venas de la mano, del brazo», cuenta con angustia.
Las marcas quedaron en su cuerpo como testimonio de esas horas difíciles. Pero Érika sabe que lo que pasó dentro de esas paredes va más allá de un caso aislado.
Un patrón que se repite
La joven se atiende en la Maternidad Teresita Baigorria porque atraviesa un embarazo de «riesgo», por lo que a veces tiene que acudir al Hospital de La Toma. Pero después de lo que vivió, esa posibilidad ahora la llena de preocupación y disgusto.
«Lo que me pasó le puede ocurrir a otra chica. La forma que te atienden ahí es mala», dice con firmeza. Y no es exageración: hace poco más de un mes, la misma institución fue noticia por problemas graves de atención y gestión; antes, en julio, reportaban caos para conseguir turnos y falta de profesionales.
Por qué decide visibilizarlo
Érika sabe que al contar su historia se expone, pero elige hacerlo de todas formas. Porque una embarazada en riesgo no debería volver a casa con venas reventadas y más miedo que al llegar. Porque los profesionales de la salud no pueden lavarse las manos cuando hay gente que confía en ellos.
Su caso es otro eslabón en la cadena de denuncias sobre el funcionamiento del Hospital de La Toma. ¿Hasta cuándo seguirá así?
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